Herir no significa no amar. Pero tampoco lo justifica.

Herir a alguien que amas no es evidencia de que no lo amas. Es evidencia de que tienes heridas que todavía no has procesado. Hay una diferencia enorme entre esas dos cosas.

Hay frases que circulan en redes y se sienten bien. Se sienten bien porque le hablan a tu herida. No a tu comprensión.

«Nadie que hiera a su pareja, consciente o inconscientemente, ama de forma correcta.»

Ojalá el amor fuera tan simple como eso. Pero si fuera así, ¿por qué las personas que más te han herido también fueron las que más te amaron?

Herir no es evidencia de que no amas.

Es evidencia de que tienes heridas que todavía no has procesado.

Hay una diferencia enorme entre esas dos cosas. Lo que muestra la psicología, y lo que he visto en años de trabajo terapéutico, es que la mayoría de las personas que hieren lo hacen desde el miedo, desde el abandono que llevan adentro, desde la forma en que aprendieron a vincularse cuando eran niños y no tenían otra opción.

No lo hacen porque no amen. Lo hacen porque no saben todavía amar sin activar eso que les duele.

Que lo entendamos no significa que lo justifiquemos.

Aquí viene lo que sí es inaceptable: conocer la herida y no querer hacer nada con ella. Eso sí es una decisión.

Una cosa es herir desde la inconsciencia — y todos lo hacemos en algún punto — y otra muy distinta es herir, ver el daño, y seguir eligiendo no trabajarlo. Ahí ya no estamos hablando de inconsciencia. Estamos hablando de irresponsabilidad.

Si alguien te hirió, no te pido que lo justifiques. Te pido algo más útil: que dejes de preguntarte si te amaba o no y empieces a preguntarte qué herida tuya también estuvo en esa dinámica.

Esa pregunta duele más. Y por eso es la que cambia algo.